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Salud mental

Fingir que estás bien tiene un precio, y lo pagas a plazos

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Fingir que estás bien tiene un precio, y lo pagas a plazos

«Estoy bien» es la frase más practicada de casi cualquier idioma. Se dice en el pasillo, en el grupo de la familia, en la puerta del trabajo. Casi nunca es una mentira completa, y ahí está el problema: es lo bastante verdad para seguir usándola durante años.

Por qué empieza

Nadie decide un día fingir. Empieza como cortesía: no quieres arruinarle la mañana a nadie, no quieres dar explicaciones largas, no tienes energía para la conversación que vendría después. Cada vez que lo dices es razonable. El problema no está en ninguna de las veces, está en la suma.

Después de bastantes repeticiones, la gente que te rodea ya construyó una idea de ti: el tranquilo, la que puede con todo, el que no se queja. Y esa idea empieza a pedirte que la mantengas.

El coste real

El precio no es la tristeza. Es la soledad concreta de estar rodeado de gente que te quiere y no sabe nada. Es cancelar planes y que nadie pregunte por qué, porque tú eres el que siempre está bien. Es llegar a un punto malo y no tener a nadie a quien ponerle al día, porque poner al día a alguien de dos años de golpe parece imposible.

También hay un coste más callado: dejas de saber cómo te sientes. Si respondes automáticamente durante suficiente tiempo, la pregunta deja de llegarte adentro.

Lo que no ayuda

No ayuda decidir que vas a ser completamente honesto con todo el mundo a partir del lunes. Eso no es un plan, es un castigo. Tampoco ayuda esperar a estar lo bastante mal como para que se note, porque si has practicado bien, no se va a notar.

Lo que sí suele ayudar

Una frase verdadera a una persona. No el resumen completo: una frase. «Llevo unos meses raros.» «No estoy durmiendo bien.» No hace falta desarrollarlo. Lo que rompe el hábito no es la confesión larga, es la primera vez que no dices «estoy bien» por reflejo.

Y si no hay nadie a quien decírselo hoy, escribirlo en algún sitio donde nadie sepa que eres tú es un primer paso legítimo. No porque el anonimato sea la meta, sino porque leer tu propia frase escrita cambia lo que puedes hacer con ella después.

Una nota sobre los demás

Si alguien de tu alrededor lleva años estando bien, prueba a preguntarle dos veces. La primera respuesta es el reflejo. La segunda pregunta es la que da permiso.

  • soledad
  • máscara
  • cansancio
  • honestidad
  • familia