Trabajo en una residencia de ancianos y hago cosas todos los días que no están bien, y no es porque no me importe.

Llevo nueve años. Soy auxiliar. En mi turno somos tres para cuarenta y dos residentes, y de esos cuarenta y dos, veintiséis no pueden levantarse solos.

Eso significa que hay que hacer cuentas con personas. Eso es lo que nadie entiende cuando lee una noticia.

Si la señora de la 12 me pide agua mientras estoy cambiando al señor de la 7, la señora de la 12 espera. Si llamo a la familia para contar que alguien ha pasado la noche llorando, pierdo veinte minutos que luego no tiene otro. He dado de comer a dos personas a la vez, una a cada lado, y no voy a explicar por qué eso está mal porque ya lo sé.

Una mujer me pidió el año pasado que me quedara con ella porque sabía que se estaba muriendo. Me quedé cuatro minutos. Murió esa noche, sola, a las tres.

Cuatro minutos. Eso es lo que tengo dentro y es por lo que escribo esto.

No es una denuncia. La residencia cumple la ratio que marca la normativa, y eso es lo peor de todo: lo que yo hago mal es legal.

Lo que me da miedo es lo que me está pasando a mí. Ya no me acuerdo de todos los nombres. Hace cuatro años me acordaba de todos. Y he empezado a hablar de "la 12" en casa.

Pregunto a quien trabaje en esto: ¿se puede seguir nueve años más sin convertirse en la persona que yo no quería ser? ¿Y alguien ha pasado al domicilio, y se arrepiente?

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